Sábado a 15 de diciembre de 2018

La Clave del Verdadero Reconocimiento-10

 

Para concluir esta serie de enseñanzas sobre La Clave del Verdadero Reconocimiento, donde hemos explorado a nivel esencial muchos niveles de enseñanzas de Dharma para poder entender qué es lo que hay que reconocer, tanto de la realidad relativa como de la realidad última, vamos a expandir el camino del reconocimiento de acuerdo a Dzogchen y Mahamudra, ya que esto es lo único que diferencia a un ser ordinario de un ser que entra en el camino de la verdadera y última liberación de la ignorancia.

Si una persona no es capaz de reconocer la naturaleza de la mente directamente cuando el guru la introduce o apunta, entonces es necesario que esa persona practique de una forma metódica el proceso que lleva gradualmente al reconocimiento de rigpa o la consciencia pura.

Tanto si usa el camino de Dzogchen como si usa el de Mahamudra, el propósito y el fin es el mismo, reconocer la consciencia pura tal cual es y mantener ese reconocimiento de forma natural hasta que ya no haya que hacer ningún tipo de esfuerzo para estar en ello, sino que uno realiza que, al ser eso su propia naturaleza, ya no tiene que preocuparse por mantener nada de ninguna manera. También se da cuenta de que eso nunca puede perderlo porque es lo que él es. Y a la vez, uno reconoce y expresa todas las cualidades de la mente del despertar de forma completa.

Lo primero que uno hace cuando se sienta a meditar es colocarse en una postura correcta, con la espalda erguida, y a ser posible manteniendo los siete puntos de Vairochana. Seguidamente, decide que no va a dejarse llevar por los pensamientos del pasado, presente y futuro, por lo tanto, decide quedarse en la mente que es consciente y observa. Como la tendencia es que no nos podemos quedar continuamente en esa mente que es la que observa, cuando surgen pensamientos, uno rastrea o sigue el funcionamiento de esos pensamientos. Por lo tanto, uno investiga y mira: de dónde salen o surgen, dónde están cuando parece que perduran, y a dónde se van cuando desaparecen. Esto es lo que se llama ser consciente de la atención ordinaria, o también rastrear los pensamientos.

Conforme uno hace esto entra en la segunda fase, que es el descubrimiento de la identidad secreta, es decir, el hecho de darse cuenta de cuál es la forma real de la mente dual, es decir, su realidad verdadera. Conforme uno busca o rastrea los pensamientos y no encuentra nada, se da cuenta de que cada vez que no encuentra nada en la mente, la mente sabe que no hay nada. Por lo tanto, en ese no encontrar nada, la mente posee una cualidad innata de despertar o alerta natural; el punto clave ahora es ver lo que ese despertar o alerta natural es. En este momento, uno podría decir que eso es el yo, el observador, que eso es el despertar. Pero lo que hay que hacer aquí no es simplemente darle un nombre, que es lo que estamos acostumbrados a hacer, sino más bien, hay que mirar directamente a ese despertar o consciencia que conoce para ver lo que es. Y te das cuenta de que es una presencia, pero que ahí no hay sujeto, no hay yo o entidad realmente, no hay nada o nadie con forma, ojos, miembros, es decir, no hay nada sustancial. Sin embargo, hay despertar natural; eso es descubrir la identidad secreta o rigpa, eso es el Buddha o Dharmakaya Samantabhadra.

El tercer punto puede ser llamado de varias maneras. Pero realmente, ya es algo que hemos estado viendo y haciendo, que es darse cuenta del punto de disolución. Pero incluso aunque desde el principio hemos estado investigando la naturaleza de la mente, y hemos estado viendo su vacío natural, en realidad, el poder de nuestros hábitos no permite que eso tenga tal impacto que de forma total y completa, arranque la raíz de la fijación en lo que surge. Por eso, hay que practicar metódicamente.

En este tercer punto nos damos cuenta de la realidad del vacío de todo lo que ya hemos investigado de una manera más profunda, con lo cual, cada vez que surge algo, cuando miramos dentro de su esencia, ya sea de lo que surge como de la consciencia que percibe lo que surge, uno se da cuenta inmediatamente de que la experiencia de dualidad desaparece. Es decir, se disuelve en la pura consciencia en sí. O sea que, ya hemos investigado que nuestra consciencia (el observador y lo observado) es vacía, pero si cada vez que surgen manifestaciones no somos conscientes de la realidad básica, fundamental o verdadera de esas manifestaciones, no podremos evitar caer en dualidad, y por eso el ciclo de samsara continúa.

Es por esta razón, que en esta tercera fase uno tiene que mirar la esencia cada vez que surge algo. Tiene que reconocer que la esencia es vacía, y que el observador también es vacío. En realidad, solo es pura presencia que es consciente de que algo surge que en realidad es vacío. Si uno reconoce el vacío de todo lo que surge y mantiene esa consciencia en su estado genuino de no-dualidad, sin fijación en algo que surge (porque está mirando el vacío), y si uno reconoce esa consciencia despierta que queda conforme mira el vacío, entonces se puede decir que se está dando la continuidad de rigpa, la consciencia pura no dual.

Ahora, esto puede llevarse a un grado superior cuando hemos meditado durante mucho tiempo y hemos ganado gran estabilidad natural en la consciencia originalmente vacía. Lo que ocurre aquí, es que uno es capaz de entrar en lo que se llama autosurgimiento y autoliberación, y esto, desde cierto punto de vista, también podría llamarse la unión de la meditación y la post-meditación. Porque en meditación, uno está reconociendo la esencia de la consciencia y es capaz de mantener la consciencia pura de forma estable, ya que uno solo está haciendo eso. Pero en el momento en el que uno se tiene que mover, o simplemente cuando la consciencia expresa movimiento, uno no puede evitar que ocurran pensamientos, imágenes y tendencias mentales o emocionales, con lo que uno aplica el conocimiento del autosurgimiento y autoliberación.

En realidad, es simplemente continuar con el reconocimiento, pero con la intención de deliberadamente, dejar todavía más la mente de forma suelta y fluida. Porque si ya nos hemos dado cuenta de que el observador es vacío, está claro que no se puede ir con nada ni a ningún sitio; y si nos hemos dado cuenta de que lo que surge es vacío, en realidad no tiene el poder de distraernos. Pero las tendencias de la dualidad han sido fortificadas a lo largo de infinitas vidas, son muy persistentes y les cuesta morir. Por eso, hay que poner cierto énfasis en mantener la consciencia pura en reconocimiento continuo; es por esto, que permitimos que todo lo que surja, sin sentir ningún tipo de perturbación, implicación, ni deseo o rechazo para con ello, lo dejamos que se disuelva SIN QUE NOSOTROS PERDAMOS EL RECONOCIMIENTO DE LA COSNCIENCIA PURA COMO TAL. Y esto es muy importante, porque si lo hacemos sin reconocer la consciencia pura que es vacía y no dual, el observar los pensamientos solo se convierte en un acto ordinario de observación o rastreo de algo que parece existir. Sin embargo, si estando ya en reconocimiento de la consciencia pura en sí, permitimos que la mente exprese o manifieste lo que quiera, entonces sin abandonar la consciencia pura, tenemos que permitir que eso que ha surgido se disuelva por sí mismo; sin que nosotros usemos ningún esfuerzo concreto o técnica adicional. Simplemente vemos que surge y se disuelve instantáneamente sin que haya perturbado el reconocimiento de lo que somos. Si llegamos a este punto y ocurre de esta manera, hemos entrado en la verdadera acción, y de ahí se manifestará el verdadero fruto, que es la inamovilidad completa de nuestra consciencia pura en sí misma, en su propia naturaleza que es vacía, por lo tanto, estaremos continuamente en un despertar innato natural que es totalmente lúcido como el sol y totalmente vacío como el espacio. A partir de aquí, nuestra sabiduría es espontánea. Todo es una expresión de la sabiduría. Todo es la expresión de Samantabhadra.

Bien, el otro método para reconocer la consciencia pura como tal o la también llamada en Mahamudra, “mente ordinaria” (que es la mente fundamental o la mente tal cual es), es el método en donde se reconocen tres aspectos: calma, ocurrencia y atención o darse cuenta.

Entonces, aquí uno empieza igual que en la fase anterior, teniendo la intención de no irse con el pasado, presente o futuro, y manteniéndose tranquilo, establecido en el observador. Cuando uno se relaja y suelta los pensamientos, poco a poco los pensamientos disminuyen, y aquí uno tiene que aplicar el no irse con ellos y volver una y otra vez al observador. Haciendo esto, llega un momento que uno experimenta que no surgen pensamientos, por lo tanto, se da la experiencia de calma mental, y eso se reconoce como calma o quietud.

El siguiente punto está incluido en el anterior porque es darse cuenta de que hay pensamientos u ocurrencia, es decir, que a veces la mente está en calma y de pronto empieza a haber movimiento dentro de la consciencia, pensamientos o lo que sea; al reconocer que hay ocurrencia, uno vuelve a relajarse en sí mismo. Entonces aquí ya hemos establecido los dos primeros aspectos, que es, darse cuenta de la calma y el movimiento.

El tercer punto es darse cuenta de que, cada vez que somos conscientes de que hay calma o hay movimiento, nuestra consciencia sabe que eso es así, pues eso es la atención o el darse cuenta. La unión de estos tres aspectos, en realidad, es lo que hemos estado haciendo desde el principio, que es que la atención, se da cuenta de que hay pensamientos, entonces se desengancha de ellos y vuelve a sí misma. El punto está en que, conforme practicamos esto, los pensamientos deben menguar y la estabilidad en la atención o mente en sí debe prolongarse. Si mantenemos esto correctamente, llega un momento en que la línea divisoria entre calma y movimiento va desapareciendo, con lo que podemos empezar a reconocer la verdadera cualidad o realidad de la mente que está atenta, la consciencia en sí, la mente fundamental, y entonces vipashyana puede empezar.

El gran yogui Milarepa dijo: “En el espacio entre el pensamiento pasado y el pensamiento que surge de nuevo, el despertar libre de pensamiento o despertar no dual nace continuamente”. Este es el punto clave de este segundo método. A través de darse cuenta de que cuando un pensamiento se disuelve hay calma, y que cuando otro surge hay movimiento, conforme no perdemos la atención o la consciencia que ha visto esos dos, esa misma consciencia presenciará el espacio entre los pensamientos de forma natural, y si lo hacemos así, el propio despertar no dual de nuestra naturaleza mental, se irá revelando cada vez más, incrementando en intensidad, es decir, la consciencia en sí, se hará cada vez más fuerte y más clara (conforme entrenemos en ello).

Quizás podríamos pensar: “¿y por qué no prolongo el tiempo de duración entre los pensamientos?” Pero esto implicaría esfuerzo y fabricación o manipulación del proceso natural de la mente, por lo tanto, insisto en que no se debe forzar que el espacio entre los pensamientos sea más largo de forma artificial. Porque si lo hacemos bien, tal y como se explica, ese espacio se irá extendiendo de forma natural, revelando cada vez con más fuerza su propia esencia de consciencia despierta no dual. En el momento en el que uno reconoce lo que posee atención y conocimiento, lo que es la cualidad del despertar en sí, esa es la diferencia entre samatha y vipashyana; es decir, a partir de aquí uno ya empieza a practicar vipashyana.

Lo que voy a explicar ahora mismo es sobre todo para aquellos que ya habéis recibido diversas enseñanzas de Dzogchen y Mahamudra, porque con lo que he comentado ya y con esto que voy a decir, podréis entender más a fondo el progreso meditativo. Aquellos que no han oído sobre las cuatro fases de Mahamudra que voy a describir ahora, que pregunten en qué otras enseñanzas se explica esto, porque es importante entender estas fases, tanto a nivel esencial como a nivel extenso.

Cuando uno puede establecerse en el observador en sí, pero todavía no ha visto su esencia o verdadera realidad, entonces solo está en la primera fase de Mahamudra llamada “concentración en un punto”. Pero practicando eso continuamente, uno llega a la total estabilidad de estar relajado pero lúcido en el observador, y uno desarrolla las tres experiencias de gozo, claridad y no conceptualización, y conforme uno no se deja influenciar por ellas, uno trasciende un nivel burdo de dualidad, apego y rechazo, y se prepara para entrar en la siguiente fase.

Cuando uno ya ha adquirido este nivel de concentración o experiencia, entonces le es fácil investigar la esencia de la consciencia, tal y como se ha explicado ya, y uno desarrolla la visión profunda sobre la naturaleza de la mente, uno reconoce rigpa de forma clara y contundente, o por decirlo de otra manera, uno ve el verdadero vacío de la mente; no una imagen genérica de él o simplemente a nivel conceptual. Aquí, en esta fase ya no hay conceptos cuando ves la naturaleza de la mente, lo que ves es directo y limpio, además de que, debido a la estabilidad que ya has logrado en la fase anterior, es muy fácil aposentarte en esa esencia de vacío consciente que acabas de reconocer. Por lo tanto, a partir de aquí, uno entra en el primer nivel de bodhisattva. Este nivel se llama, “simplicidad o no elaboración” porque lo que estás viendo, no está sujeto ni descrito por tu elaboración mental, sino que se da de forma directa y sin descripción.

A partir de aquí, uno asciende ganando estabilidad meditativa, que todavía requiere cierto esfuerzo, a lo largo de los siguientes ocho niveles de bodhisattva hasta que uno llega al nivel de “un sabor”, donde la mente y las apariencias se funden, es decir, que uno empieza a ver cómo la mente y las apariencias en realidad son una, son indistinguibles, con lo que uno empieza a domar y desplegar la conducta yóguica. Aquí es cuando se dice que un verdadero yogui que ya ha hecho todo el proceso anterior en fase meditativa, puede o debe empezar a aplicar el reconocimiento de la consciencia pura a las apariencias y a su actividad, de tal forma, que ya no se desvía del camino, sino que todo se convierte en el camino de la realización y cualquier cosa incrementa la sabiduría.

En la última fase de “no meditación”, uno entra en espontaneidad total, es decir, la unión o indivisibilidad de las apariencias y la mente es total y natural, a tal grado, que uno mora de forma continua y sin esfuerzo en la consciencia pura totalmente despierta y vacía, la luminosidad innata sutilísima. Aquí ya no hay dos, ya no quedan residuos latentes que puedan salir de nuevo, aquí solo hay luminosidad, consciencia pura que lo penetra todo, y esto es la Budeidad. A partir de aquí, toda la manifestación es el despliegue de la propia luminosidad innata o la consciencia pura, aquí no existen diferencias entre samsara y nirvana.

Para meditar ahora, sed conscientes de vuestra mente, de todo lo que ocurre, y dejad que todo sea tal cual es, no fabriquéis ni manipuléis nada, no queráis que las cosas sean de otra manera, o surjan o no surjan; no quejaros de nada, ni sentiros mal por nada. Cuando os sintáis sueltos y abiertos, mirad la esencia de la mente que es consciente, la mente que presencia todo lo que es y todo lo que hay, y cuando veáis su esencia no dual, donde solo queda la mente de consciencia pura, no busquéis nada más, no persigáis nada más, no queráis o deseéis nada más. Reconocedlo como vuestra realidad verdadera, como lo que sois en realidad a nivel último. Soltura total, apertura total, consciencia total, despertar total… Trascendencia Total.