La Clave del Verdadero Reconocimiento 3

Sábado, 26 de octubre de 2018

A veces, yo mismo me pregunto si tanto hablar del vacío y de la naturaleza de la mente tiene realmente un efecto o impacto en los que escuchan. Pero es principalmente porque es un tema muy sutil. En realidad, es el tema más sutil de todos los temas que hay con respecto al Buddhadharma, y por eso me cuestiono si realmente produce el efecto que tiene que producir. Pero lo que me dice que debo seguir, (aunque está claro que es el tema más complejo y difícil de comprender y realizar) es que los textos dicen que hay dos tipos de personas: aquellos que desde el mismo momento en el que son introducidos a la naturaleza de la mente, entienden que eso es lo único esencial en todo el proceso hacia la iluminación, y por lo tanto, entienden que solo hay que hacer eso; y están aquellos que todavía necesitan ir gradualmente en el proceso de purificación, acumulación y reflexión para poder aproximarse a esta verdad esencial de la naturaleza de la mente. Por eso, hoy he decidido comentar algunas cosas por el beneficio del segundo tipo.

 

Los Tres Aspectos Principales del Camino, según Lobsang Drakpa, Tsongkhapa, el fundador de la escuela Gelugpa son: la renuncia, la bodhichitta y la sabiduría del vacío; esto quiere decir que, aunque la meta y el logro es la sabiduría, uno necesita para llegar a ello renuncia y bodhichitta.

¿Por qué la renuncia es tan importante? Con lo que cuesta haber conseguido todo lo que hemos conseguido, ¿por qué tenemos, casi forzosamente, que renunciar a todo para poder conseguir la iluminación? Pues básicamente, porque la renuncia nos libera de todos los velos, los cuales están basados en la no renuncia, que simplemente son el apego y el rechazo. Este apego y rechazo tiene muchos niveles: desde los muy externos, donde se incluyen el mundo, posesiones, relaciones, nuestro cuerpo, etc., hasta los más internos y sutiles donde están incluidas emociones, pensamientos, puntos de vista, expectaciones, gustos y disgustos, etc.

Me gustaría que quedara bien claro: NO RENUNCIA, NO LIBERACIÓN. No hay otra opción. Se debe practicar, experimentar y lograr el sentido de la renuncia. Ahora, por lo tanto, voy a hablar de niveles de renuncia.

El primer nivel de renuncia se debe practicar sobre los actos negativos externos. Quizás muchos podríais pensar, si lo hacéis superficialmente, que eso está hecho, que no es tan difícil. Pero creo que quizás deberíais observar con mucho más detenimiento si realmente podéis hacerlo cuando hay que hacerlo. Es decir, si cuando vais a realizar un acto físico o verbal (aquí también están incluidos los gestos, posturas y actitudes externas, es decir, para con los demás) que tiene una connotación dañina o negativa, sois capaces de pararlo en seco antes de que ocurra, y por lo tanto, que no ocurra. O sea, que no lo cometas.

La renuncia sobre los actos negativos internos es el segundo nivel de renuncia. Aquí se refiere a la renuncia a procesos negativos o dañinos mentales o emocionales de tipo: críticas innecesarias o destructivas, meterte donde no te llaman, albergar malicia en tus pensamientos, palabras o actos (se manifieste o no se manifieste la malicia, es decir, que puede ser solo una motivación, no un acto), pensamientos o sentimientos de rabia, celos, avaricia, etc., Es decir, que renunciar a todo esto es un nivel más profundo. Aquí, renuncia primero se refiere a la práctica de PARAR EN SECO el proceso que te está llevando a hacer ese acto, sea externo o interno. Por lo tanto, mientras no hemos ganado un cierto nivel de control sobre esto, es difícil que podamos desarrollar sabiduría.

Ahora, que quede claro que “parar en seco” no solo tiene que venir por un acto de decisión personal que sale de la nada. Lo ideal es que uno llegue primero a la decisión de hacerlo por haber reflexionado sobre por qué es necesario parar de hacer acciones negativas a todos los niveles. Si esto no se ha entendido bien, la decisión de hacerlo no va a ser lo suficientemente fuerte ni duradera cuando los actos negativos vengan como tendencia.

El tercer nivel de renuncia es el más profundo y principalmente es ahí donde suele trabajar Dzogchen. Es la renuncia sobre nuestros apegos y rechazos. Esto está directamente relacionado con cómo nuestra entidad se siente consigo misma o siente o reacciona con todo lo que percibe. En el caso de Dzogchen, no se refiere a apegos o rechazos externos. (tipo apego a mi coche, etc.) En realidad, se refiere a todos los apegos y rechazos que están relacionados directamente con mi entidad, como, por ejemplo, el apego a que me traten bien y el rechazo a que me traten mal. O el apego ante una expectación, como “si hago esto es posible que luego consiga esto o me pase esto que es lo que yo quiero”, etc., O sea que, aquí el problema no está, por ejemplo, en la expectación en sí, o en la rabia en sí, o en el deseo en sí. Aquí el problema que debemos trabajar es sobre el apego o rechazo que tú sientes cuando se produce el deseo, la rabia, los celos, las expectaciones, las frustraciones, etc.

Este nivel, se refiere al nivel más profundo de experiencia dual respecto a la relación entre tu entidad y el mundo, porque se da en lo más profundo de tu mente y tu sistema emocional. Es más, es el nivel del hábito, por eso es tan difícil de pillarlo o verlo. Y por lo tanto, porque no lo vemos, no podemos pararlo. Y es así como seguimos rechazando y apegándonos a todo lo que surge (sensaciones, pensamientos, puntos de vista, emociones, etc.) Estamos plantando continuamente la semilla de la creación de más samsara, que es la experiencia de dolor y sufrimiento que se da a través de esas emociones, pensamientos, etc.

Pero en realidad, si lo miramos bien, la primera reacción de nuestra mente confusa sobre lo que aparece, es de apego o de rechazo. Solo porque buscamos el placer y rechazamos lo que no nos gusta. Esto es precisamente lo que nos hace estar sujetos a extremos, y que no tengamos ecuanimidad. Y si no hay ecuanimidad en este nivel, no se abre la puerta hacia la sabiduría.

Por eso en Dzogchen, antes de llegar al fruto, existe la fase de la conducta o acción que dice: “la acción tiene que estar más allá del apego y el rechazo”. Es decir, la acción tiene que estar libre de extremos, libre de “esto si porque me gusta y me hace sentir bien”, y de “esto no porque me desagrada”. Pero insisto, aquí acción no es solo algo externo, sino que es algo más profundo, es la forma en cómo tratamos todo lo que surge en la apariencia de nuestra mente. Por lo tanto, el ultimo nivel de renuncia es la renuncia o abandono al apego y el rechazo de todo lo que aparece.

Entonces deberíamos investigar y ejercitar estos tres niveles de renuncia. Primero ejercitando la forma de identificar esas tendencias, y luego ser capaces de frenar o no promover. Quizás esta sería una mejor definición de lo hay que hacer: no promover el acto negativo externo, ni el interno, ni el más profundo o sutil.

Que quede bien claro: mientras que no podamos frenar estas tendencias de estos tipos de actos, estaremos plantando las semillas de nuestro propio sufrimiento. ¡Si, si! Ese que luego experimentamos como algo tan repugnante y doloroso, o tal locura y confusión, o tales dudas o ganas de salir corriendo, o de morirte porque no entiendes nada y no sabes cómo parar la experiencia de sufrimiento o enfermedad que se te está echando encima, etc. ¡Si, si! todos esos tipos de sufrimientos, incluyendo no solo las enfermedades, sino los sufrimientos que vienen con ellas, la experiencia interna de sufrimiento, de soledad, de incertidumbre y miedo, etc.

Si somos capaces de controlar estos tres niveles de actos o tendencias negativas, o actos que nos llevan a la dualidad más sólida y tangible, entonces ya podemos respirar con tranquilidad, porque estaremos evitando una gran cantidad de sufrimiento futuro, a la vez que estaremos purificando una gran cantidad de karma negativo pasado. Básicamente, porque no lo estamos reforzando o repitiendo, que es otro de los problemas del karma, (y quizás el peor), la fortificación de un patrón de conducta que se vuelve un hábito. Estos son los peores karmas, los más difíciles de quitar.

Una de las razones de por qué no solemos trabajar sobre todos estos temas es porque mientras experimentamos cosas buenas y favorables, no nos acordamos de que en cualquier momento puede aparecer cualquier nivel de sufrimiento. Entonces simplemente continuamos agotando su karma positivo dejándonos llevar por todo lo bueno. Sin embargo, no nos damos cuenta de que continuamente estamos plantando también karmas duales (aunque no sean totalmente negativos en apariencia) los cuales nos van a llevar irremediablemente a experimentar sufrimiento futuro.

Por ejemplo, para que lo entendáis, cada vez que desarrollamos una expectación, eso lleva consigo la semilla de la frustración. Por lo tanto, aunque cuando estamos generando la expectación no hay signos de sufrimiento, incluso al contrario, puede que haya signos positivos de euforia, esperanza, etc., esa expectación lleva como semilla oculta el sentirnos mal cuando las cosas no salgan o no sean exactamente como las hemos esperado o buscado, habiendo usado tanto esfuerzo, dinero, energía, interés, etc. Cuando no recibimos lo que se supone que teníamos que recibir (es decir, estamos esperando, esto es la “expectación”), entonces indudablemente que tarde o temprano empezaremos a experimentar una sensación que no nos va a gustar. Eso crecerá en desilusión, frustración, y poco a poco generará una experiencia de más dolor y desagrado, llegando incluso a producir una gran cantidad de emociones aflictivas duras (tipo rabia, odio, agresión, celos, desesperación, etc.) O sea que el tema es bastante serio y profundo.

Para que entendáis un poco más la situación kármica con respecto a esto. Cuando yo en el pasado, por ejemplo, he generado un cierto gusto cuando me pasa algo bueno, o alguien me alaba, o alguien me trata bien, no podré evitar sentirme mal cuando después me pase algo malo, o alguien hable mal de mí, o alguien no me trate bien. La razón básica de esto es la ley kármica. O sea que, como en un acto yo planté el gusto (apego) por lo bueno o agradable, no puedo evitar que cuando venga lo desagradable genere rechazo. Eso es la cadena kármica. Pero si yo, cuando pasa lo bueno, lo vivo con ecuanimidad, (sin mucha euforia, sin mucho deleite en el gusto de mi entidad por lo que me merezco eso que está pasando, o lo bueno que tengo que ser para que me pase, etc.) entonces, cuando venga lo malo, también seré capaz de tratarlo con ecuanimidad. Y podré ver, con más sobriedad, que no es para tanto, que no es tan malo, y no pasará nada en mi interior.

Porque, otra cosa que no he dicho es que el apego y el rechazo exaltan la ocurrencia de las cosas. Exaltan lo que nos pasa y cómo lo sentimos, para bien o para mal. Es decir, nos quitan sobriedad, nos quitan la capacidad de hacernos ver las cosas más cercanas a su realidad, y esto también está relacionado con la fantasía o superposición que se produce en nuestra mente con respecto a las apariencias. Por lo tanto, lo que tenemos que controlar, son nuestras reacciones y actos presentes. Porque si lo hacemos así, nos libraremos de caer en las tendencias kármicas de los actos futuros, que están basados en esos que hemos plantado en el pasado.

Por lo tanto, aunque todos debemos aplicar y entrenarnos en los tres tipos de renuncias, cuando uno practica la meditación de la contemplación de la mente, principalmente se dedica a no dejarse llevar por el patrón del apego y el rechazo. Por lo tanto, observa dentro de su ser, conforme surgen las apariencias mentales, emocionales, sensitivas o sensoriales, si surge apego o rechazo con respecto a ellas.

Muchas veces, uno piensa que no surge apego y rechazo, pero si uno observa mucho tiempo con detenimiento, te das cuenta de lo contrario: que prácticamente no hay nada de lo que surge sobre lo que no desarrolles apego o rechazo. O sea que, te das cuenta de que lo tienes tan metido en tus hábitos que casi lo has hecho natural. Y la mayoría de veces ni lo registras. Hasta ese punto llega esta situación. Y cuanto más observas, más niveles de reacción de apego y rechazo ves que hay ante las cosas. Y si hay apego y rechazo, automáticamente hay karma (acción). Es decir, esa reacción de apego y rechazo ante lo que surge te va a provocar una cadena de impulsos que finalmente te harán desarrollar más actos físicos, mentales y emocionales basados en el ego, en la entidad, en la búsqueda de tu felicidad y protección personal. Y si eso es así, estás atrapado en samsara puro y duro, y no hay salida. Por lo tanto, el principio es parar todos estos actos, en especial el apego y el rechazo a nivel mental.

Por lo tanto, vamos a observarnos, para ver cómo se genera apego y rechazo ante lo que surge. Si vemos que se genera, lo único que hacemos es no promoverlo, no dejarlo que continúe en esa dirección. Es decir, que no nos enredamos o fortificamos esa sensación de apego o rechazo. A veces esta sensación de apego o rechazo no es algo intenso, a veces es solo una pequeña sensación o energía muy sutil en nuestro corazón con respecto a lo que surge.

Cuando nos damos cuenta de esa reacción, entonces cortamos el enredo y seguimos observando. Seguimos dejando que surja lo que surja, pero seguimos estando alerta a qué tipo de reacción tenemos sobre lo que surge. O sea que son dos cosas: la soltura de permitir que surja lo que surja, y lo segundo es aplicar un cierto tipo de ecuanimidad sobre eso que surge, no generando apego ni rechazo.

Pero esto no es una supresión del apego y el rechazo, esto tiene que darse de forma natural. Si en el momento en el que surgen las cosas siento o veo que se da un tipo de apego o rechazo en mí, lo reconozco, y eso también lo dejo ser, no me enredo, no lo fortifico, no me siento mal por sentirlo, etc. Este nivel, está entrando en el nivel más profundo del agarre a mi entidad, por lo tanto, es un medio hábil muy profundo que me va a abrir las puertas de la sabiduría. Básicamente, porque estamos generando ecuanimidad a un nivel muy fundamental del karma y tendencias de nuestra entidad.