La Clave del Verdadero Reconocimiento 6

Sábado 17 de noviembre de 2018

Una vez que hemos tenido una comprensión profunda de lo que hablamos la semana pasada con respecto a lo que ocurre con las apariencias en el momento en el que entramos en la fase del sueño profundo, es decir, que las apariencias simplemente desaparecen, se disuelven sin dejar ningún rastro, uno se da cuenta de que eso se da o produce simplemente por el hecho de que son como un mero espejismo, una mera ilusión, si no, eso no podría pasar así, por lo tanto, entender y ver eso con el ojo de nuestra mente, es generar sabiduría.

Entonces, una vez llegado a ese punto, podemos entender cuál es el último nivel de renuncia respecto a Dzogchen. Este nivel es directamente la no fijación sobre todo lo que ocurre, percibimos o se manifiesta en nuestra mente, que en realidad es la renuncia o la entrega de nuestros pensamientos y formas de entender las cosas, porque todo lo que percibimos tanto del mundo externo como del interno está basado en los pensamientos, incluso nuestra sensación de entidad o yo, también está basada en los pensamientos, por lo tanto, la entrega o renuncia o no fijación sobre los pensamientos es el último aspecto del camino de los medios hábiles y el último aspecto de la acumulación de méritos.

¿Y por qué “no fijación”? Porque si vamos por el camino de la sabiduría, es decir, el de la visión profunda (que es el hecho de buscar o investigar la esencia de los fenómenos) solo encontramos vacío. Es decir, que la apariencia del fenómeno realmente solo es una apariencia. Dentro de sí mismo no tiene nada. No es nada más que vacío consciente. Y si vamos por el lado de los medios hábiles, que en este caso sería la renuncia, nos damos cuenta de que todo es impermanente, y de que todo es como una mera ilusión en su naturaleza básica fundamental; porque da igual lo que parezca ser o estar, todo se disuelve por sí mismo sin ningún esfuerzo en el momento en el que lo dejamos ser lo que es. Debido a su propia naturaleza impermanente, ilusoria y circunstancial, se produce su desaparición. Y en realidad este hecho revela su naturaleza innata de vacío, o sea, de que, aunque aparece, es vacío, de que es como un espejismo meramente.

Cualquiera de estos dos métodos, nos llevan a que la mente en sí, la naturaleza de la mente en su estado primordial, que es lo único que ES, es el UNO. Y por lo tanto, en esencia no existe la dualidad, lo cual quiere decir que no hay DOS. Y si no hay dos, la consciencia en sí no puede agarrar nada, nada puede ser encontrado. Por lo tanto, si practicamos la no fijación, de forma natural estamos cultivando sabiduría. O sea que la no fijación es el resultado de la renuncia o la entrega de algo que nos hemos dado cuenta que es ilusorio, que es vacío. Por eso la no fijación es un acto virtuoso, un medio hábil que genera o desemboca en la sabiduría.

Otra forma de entenderlo es que cuando nosotros empezamos (el camino espiritual), comenzamos desde la sensación del ego personal, es decir, de que nosotros estamos ahí experimentando, percibiendo, pensando, haciendo etc. Pero conforme vamos practicando y puliendo nuestra comprensión, tanto de lo que percibimos como del propio observador, lo que ocurre es que la sensación de yo, se transforma en consciencia o revela que es solo consciencia. Entonces vamos estableciéndonos en esa consciencia como practica básica. Pero en este momento, todavía existe dualidad, porque, aunque empecemos a aposentarnos en ella, todavía parece que percibimos cosas que surgen. Sentimos cosas como experiencias, y eso es dual. Eso está todavía basado en la creencia de que realmente aparece algo que existe. Pero conforme nos establecemos todavía más, con más estabilidad y empezamos a mirar qué es esa consciencia en sí, ese mismo ver, se transforma o revela su esencia ultima, que es sabiduría innata, luminosidad vacía. Es decir, empezamos a darnos cuenta de primera mano, que la consciencia no es algo encontrable o tangible, sino que es vacía por naturaleza. Y ser consciente de esa unión, de luminosidad y vacío, o consciencia y vacío, eso es la sabiduría innata. Y manteniéndonos ahí, tarde o temprano se abrirá la realización del significado último. Es decir, el de la Realidad Verdadera De lo Que Es, o también llamado “Tathagata” o “Buddha”.

Por lo tanto, si la consciencia en sí en su estado puro, original, no fabricado y no forzado es simplemente vacío y claridad o vacío y consciencia, ¿Qué es entonces todo lo que “aparentemente surge, permanece y se disuelve en ella? Si en realidad solo es la energía dinámica de la consciencia pura en sí, ¿qué hay que temer? ¿Qué hay que cultivar? ¿Qué podemos perder o ganar? ¿Qué tenemos que hacer realmente con algo que es una mera apariencia ilusoria, un juego mágico de nuestra propia consciencia? Entonces, con respecto a la práctica, ¿a qué hay que renunciar? ¿En qué nos vamos a fijar o no fijar? ¿Lo ENTENDÉIS?, ¿En qué consiste la práctica entonces? ¿Quién hay ahí realmente que tenga que practicar sobre qué cosa? ¿En qué voy a centrar mi mente, o sea, en qué voy a meditar? Esto es lo que se llama, darse cuenta de la clave de Dzogchen, que es “la NO-MEDITACIÓN”. Porque no hay que crear o construir nada. No hay nada en lo que fijarse. No hay nada a lo que renunciar. No hay nada que proteger. Tampoco hay nada que se pueda perder. No hay nada que purificar, ya que la mente es lo que ES desde el tiempo sin principio y no está hecha de ningún tipo de sustancia definible o encontrable. Por lo tanto, esto también quiere decir que no se puede manchar nunca, es pura por naturaleza a nivel primordial en su propia base o raíz, que es vacía. Y en su conocimiento es consciente o luminosa. Y estas dos cualidades o realidades, en verdad son una, inseparables, indivisibles y continuas. Nunca cesan porque nunca empezaron. Y si esto es así, es decir, que esta es la base de todos los fenómenos, entonces, ¿qué son los fenómenos? Son igual a la base, son vacíos (porque no se pueden encontrar, al no estar hechos de ninguna sustancia), pero aparecen porque en esencia están unidos a la propia consciencia luminosa que es vacía. O sea que pueden aparecer porque son vacíos, no porque son algo, y la energía que hace que aparezcan sale de la propia consciencia que conoce, que es luminosidad pura despierta (no inconsciente, sino al contrario, totalmente lúcida y viva, eternamente renovada).

Por lo tanto, los fenómenos aparentes solo son la unión del vacío y la luminosidad. Y como ella, no tienen principio ni final, ni surgen ni desaparecen, aunque cuando conceptualizamos parece que sí lo hacen. Pero todo eso, es solo el producto de la conceptualización o descripción, que en realidad no está vinculado al fenómeno en sí, porque solo es un despliegue de la mente. Es un nombre. Es una mera descripción. Por lo tanto, no hay fenómenos verdaderos que existen, sino que sobre un despliegue natural de luminosidad y vacío, la mente, conceptualiza, describe, nombra, pero nada más, no hay ninguna otra verdad o realidad aparte de esto que explico. Esto es entender la unión entre la verdad última y la verdad relativa. Finalmente, aquel que lo ve y entiende, se da cuenta de que en verdad solo existe la verdad última, todo lo demás es solo un nombre, un pensamiento, que en esencia, también es luminosidad vacía. Pero el que no lo ve, sigue siendo un ser sintiente ordinario y sufre las consecuencias de las acciones arraigadas a un “yo” y a un cuerpo. Y el que lo ve, se llama Ser iluminado o despierto o Buddha, porque ya no tiene más engaños, no hay más velos que cubran la percepción directa de la realidad de lo que ES.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer hoy en la meditación? JA JA JA…. No lo Sé, decídmelo vosotros si podéis…JA JA JA ¡Boquerones! ¡Gorriones! ¡Listos! ¡Tontos! ¡Capaces! ¡Incapaces!

¿NO VEIS QUE TODO ESTO SON MERAS PALABRAS Y NOMBRES?

¿No veis que no hay realidad intrínseca ni ningún lugar donde podamos aplicar todas estas descripciones de forma última y real?

¿No veis que lo que ya Es, ya Es, y no se puede construir, ni mantener, ni perder?

No hay nada que hacer con lo que ES, porque esto no puede ser influenciado por circunstancias de ver o no ver, hacer o no hacer, purificar o no purificar; ni tampoco hay nada que hacer con lo que NO ES, porque no ha existido nunca como algo concreto o definido en ningún sitio; ya que, si no es, quiere decir que, aunque aparezca, no hay ninguna sustancia que lo soporte. Por lo tanto, tampoco puede cambiar, aunque a nivel relativo y conceptual así lo describamos, a nivel esencial ningún cambio le ocurre. Es vacío por naturaleza.

Una vez entendido esto, quién ve y qué ve, qué hay que mirar y hacia dónde, quién descubre y qué hay que descubrir.

En realidad, os digo, ni hay nadie, ni hay nada. Y si te quedas en ese supremo no hacer, no buscar, no mirar, no desear, estás en la NO-MEDITACION DEL SUPREMO DZOGCHEN, la esencia del Prajñaparamita, de la Madre de la Sabiduría que hace nacer a todos los Buddhas.

Por lo tanto, ¿Qué? De nuevo os pregunto ¿Qué? ¡Ruiseñores! ¡Lagartijas! ¡Seres sintientes! ¡Seres despiertos! ¿Qué hay que decir y qué hay que hacer?

Por eso la última silaba de expresión de Dzogchen, la que de por sí puede introducir a esta naturaleza de la mente es: ¡Ah! ¡Ah! ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhhh………….!

Este es el supremo descanso de todos los Buddhas, cuando entienden y ven esto, entran en el verdadero samadhi, ¿Lo veis? ¿Qué veis? ¿Lo oís? ¿Qué oís? ¿Lo sentís? ¿Qué sentís?

BLA BLA BLA, todo es una mera apariencia vacía dentro de la propia luminosidad pura consciente que no tiene principio ni fin: ¡Aaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh…………!

AHORA SÍ……..

Silencio…..SuuHHHHSSSuuuuHHHH

 

 

Aclaraciones y enseñanza para la Meditación

 

Tanto si habéis entendido como si no, el aspecto fundamental de vuestra conciencia, ¿cambia o no cambia?

Tanto si habéis entendido como si no, el aspecto fundamental de la conciencia, que entiende o no entiende, ¿cambia o no cambia? Si no cambia eso es Dzogchen.

En Dzogchen, no importa si entiendes o no entiendes, lo que importa es que tú reconozcas lo que hay. Aquello que transciende el cambio y el tiempo. Por lo tanto, hay un aspecto fundamental de conciencia que siempre está. Es un estado natural de mente lúcida, consciente, despierta. Pero ese estado no está influenciado, entiendas o no entiendas.

Si reconoces ese estado, eso es Dzogchen. Reconocer ese estado no depende de cuánto piensas. No depende de cuánto purifiques, ni de cuánto acumules. Porque ese estado es vacío por naturaleza. Da igual lo que apiles, no tiene principio ni fin. Es como apilar cosas en el espacio, ¿dónde está el tope? ¡No hay!

El espacio no cambia, haya lo que haya. El aspecto fundamental de la mente no cambia, haya lo que haya. Pero, aunque tú seas eso, si no lo reconoces, si no lo ves, no sirve para nada, aunque tu naturaleza sea un Buddha. Tú no disfrutas de esa verdad. O sea, que la única diferencia es si lo ves o no lo ves, pero todos lo tenéis, todos por igual. Guru Rimpoche, Buddha Shakyamuni, todos ellos, todos nosotros, una hormiga, un gusano, una bacteria, todos igual. Es uno para todos, igual, ¡como los mosqueteros: Uno para todos y todos para uno¡¡Igual! (risas)

¿Tenéis dudas?

Si tenéis dudas, el aspecto fundamental de vuestra conciencia, ¿está alterado por esa duda? Pues entonces, estáis viendo Dzogchen. No hay más Buddha que eso. El Buddha no está en ningún otro sitio…ni en la tierra pura. El Buddha está en eso, eres tú, es eso, solo eso. Pero si tú crees algo más… quieres algo más… ¡te vas y empiezas a fascinar! ¡ Guau…! Entonces no disfrutas de la cualidad de gozo, liberación y despertar y un millón más de cualidades que no están sujetas a la limitación de los conceptos. El único problema es que no solo tienes que verlo un instante, tienes que estar ahí. Y ese estar, se llama samadhi. O sea que, en un sentido tienes que aprender a estar ahí, de forma natural, no forzada, no colocándote, sino naturalmente suelto, libre, en lo que Es.

Ya está, no busques otra cosa, no quieras otra cosa, no tengas miedo de perderlo, no agarres nada, no hagas nada… ¡nada! Si entendéis eso, no hay nada más que hacer, todos los demás niveles del camino están contenidos ahí. Todos. Si haces millones de mantras, solo con estar ahí veinte minutos, es como si hicieras millones y millones de mantras, durante años, ¡solo veinte minutos! Y cuando estas veinte minutos ahí, limpio, sin moverte, sin agitaciones, solo ahí, con veinte minutos, tienes la capacidad de empezar a ver la verdad. Con veinte minutos en ese estado. Cuando llevas una hora entras en el nivel de Arhat, y cuando llevas ocho horas, entras en el primer nivel de Bodhisattva. Y cuando consumas veinticuatro horas eres un Buddha, porque tu nivel de conciencia despierta es ininterrumpida. No entras ni sales, ni subes ni bajas, ni se apaga ni se enciende, nada. Es constante, es continuo. Entonces eso es un Buddha , en el décimo nivel de Bodhisattva.