La Clave del Verdadero Reconocimiento

sábado, 13 de octubre de 2018

La verdadera meditación no puede ser algo manufacturado, creado, imaginado o fabricado por la mente, especialmente por la mente ordinaria; la meditación de Dzogchen, La Gran Perfección Natural, tampoco puede ser forzada, estresada, o intencionada. En la verdadera meditación en donde se reconoce la consciencia pura tal y como es, primero uno debe aprender a encontrar el estado absolutamente natural dentro de uno mismo. Hay muchas cosas que surgen, desde pensamientos, pasando por sentimientos, emociones, sensaciones, gustos, expectaciones, rechazos etc., pero todo esto hay que entenderlo como el aspecto fabricado y dual de la mente, porque solo depende de factores, circunstancias y condiciones, por lo tanto no es una apariencia libre, natural y suelta; es por esto que primero debemos promover esa mente natural, sin esfuerzo, abierta, suelta, libre…y lo más sencillo para lograr esto es “Relájate en ti mismo y no quieras nada, no busques nada y no persigas nada”, primero encuentra paz, soltura y satisfacción en ti mismo. Ahí, tiene que darse un estado abierto, suelto, sin tensión, sin pretensión, sin expectación, en definitiva sin agarre. Ahora, entenderlo bien, el ego es dualidad, porque si hay yo, hay tú y viceversa. En la dualidad hay agarre y rechazo, como las dos caras de una misma moneda; la dualidad es la moneda, una cara es el agarre o el apego, y la otra cara es el rechazo o la aversión. Siempre que todos estos factores estén, estamos sumergidos en samsara, que es la base de la mente ignorante y la base de toda experiencia de sufrimiento.

Cuando primero entramos en el primer aspecto de meditación de Dzogchen, queremos romper ese nivel de dualidad, que es un nivel burdo, porque está basado en “yo”, “tu”, “mío”, “a mí me pasa”, “yo quiero”, “a mí me gustaría”, y nuestra mente, mientras está envuelta en el nivel ordinario de dualidad, todo esto es en lo que se entretiene y lo que percibe, ¡ese es nuestro mundo ordinario! El cual creemos que es real, pero solo es una imaginación personal basada en tendencias o impulsos, que a su vez está basado en semillas plantadas en el pasado. Entonces, en la primera fase de Dzogchen, uno suelta todo eso, lo deja ser, lo entrega, si es que nos gusta más esa palabra, pero entregar no es algo forzado, entregar es solo soltar, dejar ser. Eso sí, da igual lo que sea, tanto si te gusta como  si te hace sufrir, lo tienes que soltar o entregar todo. Esa entrega o soltar, desde un punto de vista teísta, también puede ser entendido como un ofrecimiento a Dios, o simplemente a la Realidad Verdadera. Si uno lo entiende así, conforme practica el soltar y dejar ir, uno está acumulando gran virtud, a la vez que purificando muchos velos de dualidad. ¿Se va entendiendo hasta aquí?

Bien, esto es para que sepáis los procesos en sí de la práctica meditativa de Dzogchen. En esta primera fase uno quiere que todo vuelva a su estado natural, por lo tanto habría que hacerla hasta que uno gane experiencia de lo que significa y cómo se siente hasta que se vea ese estado natural por sí mismo, o sea no forzado ni fabricado por nuestra mente. Esto parece algo sencillo, pero nos puede llevar muchos años o incluso décadas conseguirlo; pero escuchadme bien, no es porque sea difícil, sino porque nuestros hábitos de agarre a la ilusión, a lo que no es, son extraordinariamente fuertes, nuestras mentes se han entrenado a base de fuerza y testarudez en creer que todo lo que pensamos y sentimos es real a ojos cerrados, sin nunca haber investigado su verdadera esencia o realidad, ¡y por eso estamos en este fregao! ¡Me seguís?

Por lo tanto, insisto y os recuerdo, lo primero es encontrar el punto más equilibrado y estable de la soltura natural, y esto es permitir que todo lo que surja, nos guste o no, simplemente lo dejamos ser, tal y como surge, tal y como se expresa, ese es el primer paso para limpiar nuestra mente, ser o consciencia, como lo queráis llamar, eso da igual; incluso si lo queréis llamar, “limpiar nuestro vínculo con la deidad o con Dios, o con lo divino” también lo podéis llamar así, no importa la descripción, lo que importa es lograr el estado.

Yo os recomiendo que todas estas enseñanzas que voy a ir comentando, las vayáis reflexionando profundamente, a la vez que aplicando, para ver lo que entendéis y lo que no entendéis para que poco a poco lo podamos resolver.

Estas meditaciones son para poder ir directamente al grano, y para no perder mucho tiempo en cosas que, aunque puedan ser útiles, son artificiales, son artimañas, sin embargo en este camino de la Gran Perfección, uno quiere ir directamente a la esencia, porque ha decidido, a través de ver lo que es samsara y el engaño, que no quiere más juegos, que no tiene porqué seguir dando vueltas, y por eso, se siente preparado para aplicar estas instrucciones.

Así que, ahora, practicad la soltura, el dejar ir, y conforme lo hacéis, dejad que el estado natural de vuestro ser o consciencia, se presente o revele tal y como es. Y lo otro a tener en cuenta es que en ese dejar ir, uno no se va a ningún sitio, uno no se pierde, uno no cae en inconsciencia; sino que uno se queda tranquilo y quieto en sí mismo, atento y consciente pero relajado en sí mismo. Este “no irte” también se llama “no distracción”, pero es importante ejercer esta no distracción sin tensión, es decir, hay que estar totalmente suelto y relajado en la no distracción. La combinación de estos aparentemente estados opuestos, es decir, la relajación o soltura y la atención o no distracción, contrarrestan las dos desviaciones de la mente natural, que son la excitación (que queda neutralizada por la soltura y el dejar ir), y la lasitud (que queda neutralizada por la no distracción en ti mismo). Y este es el camino de Dzogchen.

O sea que, ahora vamos a hacer esto.