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¿POR QUÉ LOS REFUGIADOS TIBETANOS?

Como muchos sabéis, el Tíbet sufre desde hace años la devastadora invasión de China y sus habitantes, privados de toda libertad, se ven obligados a escapar de su amada Tierra de las Nieves para refugiarse en los países vecinos. Afortunadamente, desde el comienzo de la revolución cultural china, India ha acogido y protegido a los exiliados tibetanos, permitiéndoles desarrollar dentro de sus fronteras una vida digna y libre. Aun así, los medios que posee esta comunidad para salir adelante son escasos y precarios, y en la mayor parte de los casos, tanto laicos como monjes y monjas, dependen de la caridad y compasión de los monasterios.

 

LA COMUNIDAD TIBETANA EN TSO PEMA

Uno de esos lamas que provee de sus necesidades básicas al pueblo tibetano es Lama Wangdor, nuestro lama raíz, que vive en la sagrada ciudad de Tso Pema al norte de India. En este lugar donde Guru Padmasambhaba desplegó increíbles milagros junto a su consorte, la Dakini Mandarava, Lama Wangdor estableció su residencia en las cuevas de las montañas hace ya más de 40 años, y desde entonces cientos de practicantes y refugiados políticos han buscado su guía, consuelo y alivio. En su infinita compasión, Lama Wangdor acoge a todo aquel que lo necesita, proporcionándoles casa, alimento, educación y asistencia médica. El esfuerzo que ha de hacer es inmenso, y nuestro compromiso es apoyarle tanto como podamos.

Las personas que escapan de Tíbet, no sólo se ven obligados a abandonar su familia, su tierra, su origen y su cultura, sino que ponen su vida en grave peligro, atravesando las altas montañas del Himalaya, escapando como fugitivos, exponiéndose a climas extremos y sin saber nunca con certeza si conseguirán llegar a un lugar seguro sanos y salvos. La mayoría de las veces, aquellos que consiguen cruzar la frontera llegan gravemente enfermos y tienen que ser hospitalizados durante largos periodos, tienen dificultades para encontrar los medicamentos que necesitan, o no pueden costearlos… Algunos de ellos son personas ancianas, otros son niños pequeños, han de viajar solos o en grupos muy pequeños para no ser descubiertos, sin conocer los caminos que han de andar y sin saber lo que les espera, pero con la esperanza de encontrar la libertad, aunque para ello tengan que empezar de cero, en un lugar desconocido y lejos de su familia y cultura.

 

 

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